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Descripción del producto
Desde el origen de los tiempos el hombre ha buscado la luz, se ha rodeado de luz, ha intentado ser luz, tener, dar y recibir luz, su luz interior la luz del alma, la luz que le guía, la luz que le nutre, la luz que le reconforta. La humanidad de hecho, ha basado toda su evolución espiritual en conceptos vinculados a la luz. Todas las religiones, todas las iniciaciones, todos los ritos de expansión de la conciencia han utilizado la luz como eje vertebrador de sus enseñanzas que además, indefectiblemente se dirigen hacia la luz primordial y que según ellos alumbra su camino y su devenir. Un hito sin precedentes en la historia de la humanidad es el descubrimiento del fuego. El fuego permite al hombre calentarse, cocinar los alimentos, ahuyentar a los animales, etc. En ese momento no existe alrededor del fuego ninguna liturgia, ninguna poesía, ninguna manipulación del concepto inherente a la palabra fuego, es decir la luz.
Efectivamente, hablar de fuego es hablar de luz, pero en esa época primigenia esa luz recién descubierta debía ser vigilada sin cesar, que ese don divino acabado de descubrir desapareciera súbitamente por un descuido… Perderla debió ser catastrófico y probablemente en alguna ocasión así sucedió. Siempre, en todo momento, en toda circunstancia, el fuego debía estar vigilado, la supervivencia del grupo dependía del cuidado con que esa vigilancia se efectuará. El personaje encargado de vigilar el fuego, es decir, la luz, acabó convirtiéndose en el chamán del grupo, en el personaje más importante, en ese tipo de sociedades. Un sujeto que no sólo atesoraba el poder de la sanación o el poder de la videncia, también ostentaba el liderazgo político del grupo, en definitiva, el chamán, el custodio del fuego, era el ser más preeminente de esas sociedades primitivas.
A partir de ese momento todos los ritos, todas las iniciaciones, todas las religiones se han basado en esa observación de la luz, cuando decimos todas queremos decir todas. La necesidad de liderazgo, de distinción, de poder, a lo largo de la historia, ha hecho que los personajes que antaño controlaron la ciencia de la luz no explicaran los secretos de la misma más que a un reducido grupo para así, alrededor del misterio, edificar imperios.
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